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domingo, 15 de abril de 2018

Sinfonía para replicantes de James Crawford Publishing


Título: Sinfonía para replicantes
Edita: James Crawford Publishing
Prólogo: J. Javier Arnau


Sinopsis:
Catorce autores se han reunido en esta antología para rendir homenaje a la ciencia ficción. Catorce autores para quince relatos donde se mezclan los géneros y se funde lo clásico con lo moderno componen esta perfecta sinfonía…

Comentario:
Soy muy fan de las antologías y esta es de mis preferidas. El género es de mis predilectos, y es la antología de ciencia ficción que precisamente me ha dejado más la sensación de estar leyendo buena ciencia ficción. Como suele pasar en las antologías, algunos autores son más conocidos que otros, como en el caso de Tony Jiménez, a quien hago mención especial,  (sin desmerecer a los demás) y otros no tanto, y es que una antología sirve no solo para que el lector descubra nuevos autores en potencia sino para que los propios autores se descubran a sí mismos…
Por tanto, recomiendo esta antología que he leído con muchas ganas y mucho gusto y agradezco a su editor la amabilidad que ha tenido y su paciencia.
Es muy  buena lectura tanto como para los fans del género y para los que quieran iniciarse en la ciencia ficción. 
Seguiremos a este editor y sus autores de cerca, como siempre, en este blog…

Autores: 

«Concierto de cuerda en RE menor» de Álvaro de la Riva Hengstenberg
  «La noche de los gólems priápicos» de Ana Morán Infiesta
«Heil Rühmlich» de Miguel Chamizo
«El filósofo y el androide» de Axel A. Giaroli 
«Sabotaje» deLorena Hache
«Hurones» de Jorge del Oro Aragunde 
«Línea de luz» de Toni R. Pons
«La nave» de Carlos Arnau / J. Javier Arnau
«Cuando el cielo se agrietó» de Edgar Sega 
«Siempre he sido Helen» de  Daniel Gutiérrez 
«¡Maldita Carroña!» de Beatriz T. Sánchez
«Viaje de regreso» de Tony Jiménez
«La última advertencia» de Yersey Owen 
«La flor de la pereza» de Miguel Chamizo
«El escuadrón L-201» de Edgar Sega.













Las heridas del corazón de Fernando Pérez Rodríguez









Título: Las heridas del corazón
Autor: Fernando Pérez Rodríguez

Portada: Alexia Jorques

Maqueta: Rony Begood

Prólogo: Alessandra Roma

ISBN: 978-84-945535-4-7

Sinopsis:
Dos jóvenes que se conocen desde pequeños se enamoran y se casan con el paso de los años. Al principio, todo va bien, pero las cosas empiezan a cambiar con el nacimiento de sus dos hijos: un chico y una chica. Comienzan las peleas, las broncas y los malos tratos y la vida en común empieza a hacerse insoportable.
Opinión: 
Recuerdo cuando el año pasado llegó a mis manos este manuscrito. El autor me comentaba que no conseguía sacarlo a la luz, que le decían que el texto era bueno (que lo es) pero el tema es muy polémico, y lo es.
Y es que el tema es polémico, sobre todo, en una sociedad en la que cada uno interpreta cualquier situación a su conveniencia, pero por suerte no todo el mundo es así. 

Esta historia es como una ventana en la que podemos ver como una situación que empieza bien, una pareja que se conoce joven, se casa, tienen dos hijos( hasta aquí más de uno puede sentirse identificado), se trunca de tal manera que llega a una situación insostenible en la que el amor de la pareja ha dado un giro de trescientos sesenta grados hacia la incomprensión, y lo que es peor, al maltrato. Y ahí está la polémica. Pues no es un maltrato clásico de género, si no que es un maltrato de pareja, donde ambos se tratan mal a ambos, y esa situación no gusta, no es lo normal, no la queremos ver, si miramos para otro laldo, la situación no existe…
Y así estaba esta novela, en la oscuridad, sin salir a la luz. Hasta que Fernando, por recomendación de una servidora, envió su manuscrito a una editorial nueva, comprometida entre otras causas con el feminismo. Y le dije, Fernando, prueba con Grupo Tierra Trivium, a ver que tal.
Y aceptaron la novela, Pues somos (pues ahora yo también formo parte de Grupo Tierra Trivium) una editorial valiente, que no nos callamos ni miramos para otro lado. Es una novela valiente, con un diseño también arriesgado, pero para eso estamos, para dar luz a las historias… Si no, ¿para qué escribir?
Recomiendo esta novela y espero, que los lectores no miren para otro lado y le den el lugar que merece.


Su autor


Fernando Pérez Rodríguez, nacido en la ciudad de Plasencia (España), en cuyo escudo de la ciudad reza el lema: Ut placeat Deo et hominibus (Para agrado de Dios y de los hombres).
Nací en el seno de una familia humilde y fui el mayor de varios hermanos, todos varones. Desde muy pequeño me gustó escribir, algo no muy bien entendido por mis padres, que me preguntaban por qué escribía tanto. Escribir, para mí, es un modo de escapar de la sociedad que me rodea y a la vez de plasmar mis sueños e inquietudes.






lunes, 9 de abril de 2018

El pacto de Dashuria de Frank Peñas Arias



Hoy os voy a hablar de un libro escrito para el público juvenil que también disfrutaremos los adultos, se trata de «El pacto de Dashuria», precioso libro ilustrado publicado por T-raptor editorial. Antes de la reseña, os dejo esta entrevista que los chicos, a quienes tuve la oportunidad de conocer el año pasado, han tenido la amabilidad de concederme. De esta forma, conoceréis un poquito mejor su editorial y sus proyectos:
  1. ¿Quiénes son Frank Peñas Arias y Javier Monja Potente? ¿Cuáles son vuestros sueños y vuestros miedos?
Frank Peñas es un escritor vallisoletano y, junto a su compañero el ilustrador Javier Monja, fundó T-Raptor editorial. Actualmente han publicado lo que el escritor llama universos; una serie de libros que, aún pudiendo leerse de forma individual, forman parte de un todo. Por un lado encontramos el universo Shinigami, formado por cinco publicaciones diferentes —Shinigami, Shinigami Géminis, Leviatán, Pluma Carmesí y Byakko: tercer Shinigami—. Existe un segundo universo, dedicado al género fantástico, llamado Somnus. Éste, por el momento, está formado por tres obras: Somnus: Ecos del mañana; Somnus: el crepúsculo de Insomnia; y El Pacto de Dashuria.
F: En mi caso mi sueño siempre fue publicar un libro, sueño que he logrado alcanzar con dedicación y esfuerzo. Mi siguiente sueño es que nuestra editorial vaya creciendo poco a poco y que nuestras obras puedan llegar a más gente.
J: Mi sueño es crear una gran editorial, que la marca T-Raptor llegue a conocerse de forma internacional, especialmente por la calidad de nuestras obras.
F: ¿Mi mayor miedo? Bueno… Cada vez que vamos a publicar algo nuevo siempre albergo cierto temor a que la historia pueda no gustar, pero no lo veo como algo negativo. El miedo, siempre y cuando no te prive de movimiento, te ayuda a mantener los pies en la tierra.
J: Yo no tengo miedos. Estoy protegido por las estrellas…. (canción de dragon ball)
  1. Frank, ¿Qué es para ti la literatura? ¿y para ti el dibujo Javier?
F: Un navío enorme que permite a cualquiera que se adentre en sus páginas viajar a mundos desconocidos, a vivir miles de vidas diferentes.
J: Una forma de transmitir sentimientos.
  1. ¿Cuándo os disteis cuenta de que escribir en el caso de Frank y dibujar para Javier era lo que queríais hacer?
F: Siempre me ha gustado escribir, pero empecé a tomármelo más en serio cuando tenía doce o trece años.
J: Surgió. Siempre me ha gustado dibujar, pero no creí que llegara a dedicarme a ello hasta que conocí a Fran.
  1. ¿Cuáles son vuestras influencias en vuestros respectivos campos?
F: Creo que todo influye en un artista. Leer, vivir, un cuadro, una canción…
J: Idem.
  1. ¿Cómo os conocisteis?
J: Pura casualidad. Teníamos un conocido en común.
F: Javi sintió curiosidad por ver cómo escribía, así que le pasé un manuscrito y aquí estamos.
  1. Juntos, habéis formado la editorial T-raptor, ¿Cómo surgió el proyecto?
F: Era un paso lógico. A Javi le encantó lo que leyó, incluso empezó a dibujar las ilustraciones de ese libro. Queríamos compartir nuestras historias con la gente, así que nos lanzamos a perseguir ese sueño.
  1. ¿Qué tipo de literatura encontrarán los lectores en T-Raptor?
F: Actualmente pueden encontrar thriller, novela negra, terror, fantasía épica medieval y fábulas. Nuestra intención es expandirnos con nuevos géneros al tiempo que mantenemos vivos los demás
  1. Tiene que ser difícil llevar una editorial pero seguro que también es gratificante, ¿cómo está siendo la experiencia?
Es una experiencia enriquecedora. Poder compartir tu ilusión con otra gente, saber que están disfrutando de algo que tú has creado… no hay palabras que describan esa sensación. Somos muy felices de poder llegar a la gente y hacer que se sumerjan en historias apasionantes que les ayude a evadirse de la realidad.
  1. Respecto a «el pacto de Dashuria», contadme de dónde surge la historia y cómo se compagina a la hora de ilustrar la novela, ¿cómo fue el proceso?
F: La novela se me ocurrió durante uno de los muchos viajes en tren que hago a lo largo del año. No es sencillo de explicar, pero imaginad que en vuestra mente hay una ventana. Al otro lado hay miles de historias. Yo no soy más que un mero espectador cuya labor es transmitir lo que ve desde este lado.
J: En cuanto Fran me pasó el manuscrito y empecé a leerlo pude ver los dibujos rápidamente. Fue algo muy orgánico, casi como si sus palabras guiaran mi mano. Fran tiene la capacidad de meter a los lectores en su terreno, en seguida te sumerges en la historia.
F: Cuando me enseñó los primeros bocetos deseé tener el libro ya fabricado en las manos. Sus dibujos no sólo acompañan al texto, sino que crean un canal mediante el que transmitir esos sentimientos de una forma más potente si cabe.
  1. ¿Qué le diríais a vuestro lectores para que se animaran a leer el pacto de Dashuria?
F: Es una fábula cercana y muy emotiva, repleta de humor, enseñanzas y fantasía.
J: Es una obra que te llega al corazón. Los personajes están muy elaborados, prácticamente se sienten vivos.
  1. Y por último, ¿Cuáles son vuestros próximos proyectos?
F: Nos encantaría poder hablar de ello, pero no podemos. No nos gusta hablar de proyectos que aún no han entrado en fase de producción. Lo que sí podemos asegurar es que seguiremos sorprendiéndoos y nuestras historias os raptarán.

y a continuación la reseña:



Autor: Frank Peñas Arias
Ilustrador: Javier Monja Potente
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788494380150




Sinopsis:


Guille y su madre comparten un maravilloso don: captar la belleza oculta en cada rincón del mundo a través de la fotografía. Cuando el destino le arrebata a su madre, Guille, hereda su cámara de fotos. Se aferra a ella con todas sus fuerzas, pues es el mayor recuerdo que tiene de ella. 

Los años pasan, y su padre encuentra el amor en otra mujer. La rabia invade el corazón del chico, quien decide escaparse al escuchar una voz que lo llama desde lo más profundo de un robedal. Los árboles parecen juzgarlo. Lo rodean, cercándolo a fin de guiarlo hasta el claro. Allí conocerá a Dasuria, una dríade que asegura tener el poder de devolverle la felicidad. Guille tiene muy claro lo que quiere; cuando el pacto se vea sellado, nuestro protagonista se dará cuenta de que todo deseo tiene su consecuencia, especialmente los más oscuros. 

Opinión:

Ante una situación tan normal como la que nos plantea el autor en esta historia, el lector se ve envuelto en un mundo de fantasía para mostrarnos que la rabia, los malos deseos, nuestro lado oscuro, al fin y al cabo, traen las peores consecuencias tanto para las personas a las que amamos como para nosotros mismos.
A través del fantástico viaje de Guille, viviremos una gran historia en la que conoceremos a una dríade y a un gato un tanto particular, pero sobre todo, descubriremos el corazón del protagonista…

Desde luego recomiendo este cuento porque lo he disfrutado, además de ser un libro ilustrado muy bonito,  y me gustado como la gestionado ciertos temas a la hora de explicárselos a los niños como la muerte, la complejidad del amor, pararse a conocer antes de juzgar, y lo último pero no menos importante, nunca, nunca desear el mal a nadie porque destruye nuestro alrededor y pudre nuestro corazón…

Como pequeño inconveniente que hay dos libros más pertenecientes a este mundo, así que mi lista de lectura crecerá con gusto...




jueves, 5 de abril de 2018

La guerra súcrea de Ana Vigo






Título: La guerra súcrea
Autora: Ana Vigo
Edita: Grupo Tierra Trívium
ISBN:9788494553592



Sinopsis:

¿Qué harías si encontraras un pequeño ser de hielo escondido en la nevera? Pregúntaselo a Alexandra, una soñadora niña que vive con su hermana Mirela en un orfanato.

Tras descubrir que la criatura de hielo es un amistoso soldado de otro planeta, emprenderán un peligroso viaje hacia su galaxia, la Vía Súcrea. Allí se verán inmersos en una encarnizada guerra entre planetas que Alexandra intentará detener. Pero ¿se puede frenar un conflicto que nadie sabe cómo ha empezado?

Vive junto Alexandra y Mirela esta trepidante aventura intergaláctica, en la que conocerás aves parlantes; asnos que viajan en el espacio-tiempo; planetas desconocidos; soldados que caben en un bolsillo con menos ganas de luchar de las que creen; seres malvados dispuestos a destruir el universo entero… ¿Te atreves?

Opinión:

En un original y vibrante marco de ciencia ficción, Ana Vigo explica y hace reflexionar a los niños con gran maestría sobre los grandes temas universales, a la vez que  cuenta a niños y a no tan niños la historia de un país del que no conocemos mucho; y sobre todo, disfrutamos de una ingeniosa y refrescante aventura…
Recomiendo este libro por todo lo que acabo de decir, pues esta autora demuestra una gran imaginación y destreza que hace leamos este cuento en menos de nada y nos deje con buen sabor de boca…
Ya conocía a esta autora por sus relatos en Playa de Ákaba y desde luego me ha convencido con esta historia más larga también, seguiré su nueva etapa con Grupo Tierra Trivium y os la comentaré en este blog. No me queda más que desearle todo el éxito que se merece con esta historia y las que vendrán, así que espero que desde este blog os anime a conocerla y darle una oportunidad, no os arrepentiréis os lo aseguro...

Autora

Nacida en Pontevedra en 1992, Ana Vigo estudió en la Universidad de Santiago de Compostela, donde se graduó en Comunicación Audiovisual.
Ha trabajado en medios online, y actualmente ejerce como redactora jefe de Cultura en la revista digital TimeJust.
Escritora desde temprana edad, publicó su primer relato en 2015, en la revista en lengua gallega Contos Estraños. Desde entonces, no ha dejado de colaborar en distintas publicaciones.
Destaca el relato «El Gato en el Draquipélago», en el libro La Isla del Escritor (2016), y otros en varias de las antologías de la editorial Playa de Ákaba: Refugiados, Ulises en la Isla de Wight, Semillas de Bosque, Personajes de novela o El Oasis de los miedos.
En 2016 veía la luz su primera novela, La Búsqueda de los dioses (Luhu Editorial), una historia a medio camino entre la fantasía, la novela negra y el thriller.
Especializada en LIJ (literatura infantil y juvenil), recientemente ha abierto su página web Os Libros de Cabalinho, en la cual mantiene un blog sobre dicha temática. En ella, se pueden leer desde reseñas a entrevistas, pasando por información de interés y noticias de actualidad.
En enero de 2018 Ana ha publicado su novela juvenil La guerra Súcrea, una vibrante aventura galáctica, de la mano de Grupo Tierra Trívium.

viernes, 23 de febrero de 2018

El violin que estaba triste de María José Voltés






Sinopsis:



Claudia, una niña de doce años, viaja a Hamburgo junto con sus padres. Allí sólo cuenta con un amigo, su primo Edu; apenas sabe unas palabras de alemán y añora su país, España. Pero un día, al caer la tarde, Claudia escucha una melodía que parece provenir del desván. El sonido de un violín, sin duda. Pero... ¿quién lo toca? Con la ayuda de Edu, pronto conocerá a un singular personaje: Fritz, un violín Stradivarius con dos siglos de antigüedad, que no ha logrado superar el estreno fallido de un concierto de Mendelssohn, y que necesita ayuda para recobrar la fe en sí mismo.

  

Opinión:



Suelo poner música mientras leo y en esta ocasión he seguido la recomendación de la autora y he escuchado el concierto para violín op 64. de Mendelssohn interpretado por Anne Sophie-Mutter.

Las notas me van llevando a Viena, donde Beethoven estrenaba este concierto, hasta España y Alemania en 2015. Un paseo por el tiempo y el espacio donde el nexo común es este singular violín. Si duda, un cuento perfecto para adentrar a los más jóvenes a la música clásica, pues como bien dice la autora, no hace falta saber mucho para poder disfrutar de un buen concierto.

Música clásica y literatura se unen en esta preciosa historia que nos habla de la singularidad de los violines, de la crisis, de la importancia de la amistad y lo más importante: de soñar...

Las evocadoras ilustraciones del interior del libro, es un motivo más para atraparte en esta singular historia...




Su autora


María José Voltes nació en Barcelona. Estudió administración de empresas en la UB y en IESE. En 2014 publicó su primera novela «Los cisnes no tienen alma, los violines sí». A raíz de esta escribió numerosos relatos sobre música clásica. En 2016 colaboró en la antología de Playa de Ákaba «Ulises en la isla de Wight», un sentido homenaje a la música de todo tipo. En «La luna huele a lavanda» se aleja de esta línea, volviendo a la narrativa tradicional, que une pinceladas de experiencias y reflexiones profesionales a una historia de ficción que podría ser muy real.


jueves, 22 de febrero de 2018

"De lo fantástico y lo real"




Aquí os dejo mi último relato. Está incluido en la antología "40 relatos de fatasía y ciencia ficción", nacida del grupo de facebook Llec de Joaquim Colomer Boixés. Quiero reconocer el trabajo de todos los que han participado en esta antologia: a Joaquím y su gran grupo Llec por la gran iniciativa, al jurado que ha escogido los relatos, a Vero Monroy que se encargó de la edición y la maquetación, a Sol Taylor por el diseño de esta fantástica portada, y a los autores que participan aportando su ilusión y trabajo en cada relato.
Y a los lectores, que además de disfrutar de cada relato, estaréis colaborando con una gran causa, pues esta antología es 100% solidaria, los beneficios son destinados a la Fundación "Hospital Amic"  de Sant Joan de Dèu de Barcelona para la humanización y apoyo del tratamiento de cáncer y la leucemia infantil.








De lo fantástico y lo real





I. Fantasía



En el planeta Tierra Mágica, más concretamente en la aldea de «Arco da Vella», vive Luz, una pequeña duende de la fraga, vestida con un traje dorado y un gorro rojo con una borla amarilla. A Luz le encantan las historias mágicas de su mundo y su aldea, sobre todo la que daba el nombre a su hogar, aunque no se sabe si es cierta: El Arco da Vella (Arco de la vieja, o lo que es lo mismo, arco iris) se decía que era, en realidad, un puente a un mundo paralelo. Cuando el arco da vella se veía doble, la vella venía a por alguien, no se sabía cómo ni por qué escogía al elegido, y se lo llevaba a un mundo paralelo del que no regresaban jamás.

Un día, caminando por la fraga, rumbo  a la seta que era su hogar, se fijó en algo que le llamó la atención: reflejada en el río que pasaba de camino a su casa, se veían los colores del arco da vella y, cuando se acercó más, pudo ver la cara de otro pequeño duende reflejado en el agua. El duende surgió del líquido y se puso enfrente de ella. No eran muy distintos, él era un poco más mayor e iban vestidos de manera muy parecida, sólo que su traje era verde y su gorro morado con borla banca.

—Hola, Luz —dijo el pequeño duende.

—Y tú, ¿quién eres? —preguntó Luz asombrada

—Soy Ulises, tu hermano.

—Mi hermano… ¿Tengo un hermano? ¿Y por qué nunca te he visto?

—Nací antes que tú, pero la vella vino a buscarme muy temprano y me tuve que ir al otro lado del arco...

—Entonces, ¿es verdad? ¿Hay otro mundo más allá del arco? ¿Cómo conseguiste volver? ¿Te quedarás para siempre? —Luz pensaba que quizá su hermano había encontrado la manera de volver a su mundo de origen.

—Sí, leyenda es verdad. Existe otro mundo no muy distinto de este. Conseguí escaparme un momento, tenía que conocerte,  pero no puedo quedarme, tengo que volver.

—Entiendo, no volveré a verte... —dijo Luz compungida, pues empezaba a comprender.

—Pero no te pongas triste, mira —la animó Ulises, sacó del bolsillo un minúsculo espejo y se lo entregó—: desde este espejo mágico podrás verme siempre que quieras, pero tienes que guardarlo muy bien, es muy importante que nadie sepa que existe este objetoNadie.

Cuando Luz levantó la cabeza para darle las gracias y hacerle más preguntas, pues estaba obnibulada mirando el espejo, su hermano ya había desaparecido. Miró su reflejo, sonrió y lo guardó, prometiéndose a sí misma que nadie lo descubriría jamás.



II. Realidad



«Luz, este cuento que te acabo de leer lo escribí para ti por dos motivos:

El primero es porque ya tienes edad para entender el ciclo de la vida. Todos nacemos, crecemos y morimos (viene “la vella en el cuento, en la realidad, viene la muerte). No sabemos a dónde vamos cuando morimos, quizá a un mundo paralelo a través de un arco iris, ¿quién sabe? Nadie ha vuelto para contarlo.

Sí, como te cuento en la historia, tuviste un hermano que nació antes que tú, Ulises y, sí, es el niño de los cuadros que ves en casa y el que está en la fotografía de mi colgante. Se tuvo que ir muy pronto, pero no te pongas triste, el ciclo de la vida es así.



El otro motivo es para que veas lo importante que son la literatura y la fantasía. No son mero entretenimiento, pues pueden convertirse en herramientas muy útiles. A mí me están sirviendo para explicarte algo muy difícil, por ejemplo.



Asimismo, espero que siempre creas en la magia de los espejos, desde bebé te han gustado mucho.  Bueno, espero que tengas la capacidad de imaginar y soñar siempre, no la pierdas como les pasa a la mayoría de los adultos.



La fantasía es muy importante en nuestras vidas, pues el año que naciste tú, volvieron las luciérnagas, mágicas por naturaleza, pero eso ya te lo explicaré en otra historia...».



Dedicado a mis hijos Ulises y Luz





sábado, 20 de enero de 2018

Relato en primicia "Un chico con problemas" de William C. Gordon

Hoy tengo el honor de publicar en este blog y en primicia el relato de William C. Gordon:
"Un chico con problemas".

William C. Gordon con este relato quiere mostrar al mundo las preocupaciones que tenemos los padres a la hora de criar a nuestros hijos, que no son pocas...
Pero antes de su inspiradora lectura, os voy a poner en antecedentes...

©Laura Muñoz Hermida

WILLIAM C. GORDON, VIDA Y OBRA:

Cuando hace ya más de una década estaba leyendo "El plan infinito" de Isabel Allende, y conocía a través de suis páginas la vida de su protagonista Gregory Reeves, jamás pensé que algún día "conocería" al hombre que hay detrás del personaje.
Dice el propio William: "Si quieren saber de mí lean los libros de Isabel Allende, si quieren conocerme, lean los míos", y así es. De hecho, fue la propia Isabel quien animó a William a escribir novelas policiacas..
Imaginaos mi sorpresa cuando en 2014 solicité la amistad del señor William C. Gordon por estas redes y no solo me aceptó, sino que se ponía a hablar conmigo por el chat!!
Imaginaos mi sorpresa cuando además me llega a casa el primer volumen de su saga policiaca "Duelo en Chinatown". Es una muestra más de la generosidad que tiene y de la cercanía que demuestra...

Y es que su vida no ha sido un camino de rosas, da para una novela... Pues antes de llegar a convertirse en el abogado y gran escritor que es hoy, fue oficial del ejército; recorrió el mundo durante un año entero haciendo autostop y dormía mientras en los cementerios, pues eran más seguros, regentó un bar, estudio leyes y literatura; como abogado luchó durante 30 años por los derechos civiles de los trabajadores hispanos.
Actualmente está involucrado en la mejora de varios centros escolares y bibliotecas de Los Ángeles.

Recomiendo que busquéis entrevistas que corren por internet para saber más sobre él... Pues es todo un todo un ejemplo de superación, por la vida que ha tenido y por su manera de afrontarla…
La literatura ha tenido mucho que ver en ello, pues vida y literatura, van muchas veces unidas de la mano, como bien dice una buena amiga mía.
La literatura también le sirve para dar voz a los más desfavorecidos de la sociedad, a los que nadie escucha...
Yo por mi parte le agradezco que escriba, y le animo a que siga... tenemos mucho que aprender...

Obra:

Duelo en Chinatown (2006)
El rey de los bajos fondos (2008)
El enano (2012)
Vidas rotas (2013)
Las esferas del poder (2014)
Caso abierto (2015)

A continuación, pasad a leer el relato:



© William .C. Gordon 2017

                                             UN CHICO CON PROBLEMAS
                Lindsay Gordon, nombrado por mi padre, era por aquel entonces un jovencito de catorce años enfadado con el mundo. Yo, su padre, lo llevé a un centro psiquiátrico para jóvenes del hospital Universidad de California en la avenida Parnassus, en San Francisco. Lindsay y yo nos reunimos con el psicólogo. En la entrevista de admisión, las palabras del psicólogo fueron claras y directas: 
            —Lindsay, me duele la pierna, pero si no estuviese lesionado
lucharía contra ti para demostrarte que soy más fuerte y, por lo tanto, que tienes límites. Me da la impresión de que no te haces a la idea de lo importantes que son los límites en tu vida. Espero que puedas aprender lo bueno que es tenerlos mientras estés aquí.
Después de la conversación con el psicólogo, Lindsay se unió al resto de pacientes y se le asignó una litera en el dormitorio. Por aquel entonces era rubio, con los ojos azules y los rasgos muy marcados. Era un niño sensible, pero su miraba denotaba cierto desdén hacia todo lo que le rodeaba. Solía decir: “No sirve de nada que me obliguéis a hacer algo porque siempre haré lo contrario de lo que me pidáis”. Dejé a mi hijo allí, seguro de que estaría protegido y de que lo ayudarían. Lo que en realidad esperaba era que cambiase el rumbo que llevaba y evitase el abismo hacia el que se dirigía.
En poco tiempo, Lindsay se sintió como pez en el agua y formó su pequeño grupo de seguidores.  Uno de sus dos mejores amigos era Giuseppe Palomino, un chico que venía de una antigua familia italiana de San Francisco. Era delgado, moreno, llevaba el pelo en una coleta, tenía los ojos marrones claros y un carácter tranquilo. De él nadie esperaría una palabra malsonante o una actitud peligrosa, pero en realidad era un rebelde y por eso estaba allí. El otro era un chico del sur, Beauregard Jackson, de la misma estatura que Lindsay, pelirrojo y con la cara llena de pecas. Era un chico salvaje.
Durante las dos primeras semanas se dedicaron a adaptarse a la rutina diaria del centro, averiguando a qué hora se servían las comidas, cuándo se apagaban las luces y cuáles eran los puntos débiles de las normas de la institución que les permitiesen escaparse y recuperar su libertad. Giuseppe había llegado al centro dos semanas antes que los otros dos, pero no le había prestado demasiada atención a lo que ocurría a su alrededor. Pronto se convirtieron en verdaderos amigos y no tardaron en encontrar las debilidades del centro. Salían de las instalaciones cuando querían y se paseaban por las calles colindantes del barrio Haight Ashbury como unos auténticos hippies. Para conseguir “maría” les bastaba con pedirla. Iban a apartamentos que estaban a reventar con más de veinticinco personas metidas en una habitación. Había sexo gratis, vino tinto barato y tanta hierba como quisieran fumar. Volvían borrachos al centro bien entrada la noche. Al darse cuenta de este comportamiento inaceptable, el personal, preocupado por la seguridad de los chicos, les cerró las puertas y con eso terminaron sus salidas nocturnas. Como era de esperar, no les hizo mucha gracia a los chicos, y sus caras fueron un fiel reflejo de cómo se sentían después de perder sus privilegios. Sin embargo, desde aquel día, los chicos estaban mucho mejor y eran mucho más productivos en las terapias de grupo y en sus reuniones personales con sus respectivos psiquiatras, a excepción de Lindsay. Le costaba hablar sobre lo que lo perturbaba, lo único que decía era que se había sentido abandonado por su madre cuando era pequeño y que le importaba todo una mierda.
La psiquiatra de Lindsay me citó para hablar conmigo. Era la doctora Howel, una joven rubia con ojos azules y mirada profunda.
—Siéntese, señor Gordon —me dijo al entrar en su despacho. Yo acababa de salir de la oficina y todavía llevaba el traje y la corbata puestos —. ¿Le importa si me quito la americana? Quiero sentirme cómodo mientras hablamos.
            —En absoluto. Puede colgarla en el perchero que está detrás de usted.
—Muchas gracias. Habrá tenido tiempo para sacar sus conclusiones sobre Lindsay. ¿Cómo lo ve?
               La doctora se rio.
           —No es tan fácil, señor Gordon. Analizar a una persona requiere su tiempo, especialmente    alguien tan complicado como Lindsay.
            —Me alegra que no lo vea como un robot y que esté ahí para ofrecerle su ayuda.
—¿Podría contestarme unas preguntas? Parece que él no se muestra muy receptivo.
            —Haré lo que esté en mi mano. ¿Por dónde le gustaría empezar?
            —¿Cómo era su vida en casa antes de venir aquí?
—Durante los primeros dos años pasé mucho tiempo con él. Yo todavía estaba en la universidad, teníamos una conexión muy fuerte y lo pasábamos muy bien juntos. Después empecé a trabajar y a partir de entonces solo supe, a través de su madre, que tenía muchos problemas. No terminaban de conectar, según ella. Su madre y yo nos divorciamos cuando Lindsay tenía unos seis años. Desde entonces lo veo cada dos semanas. Me decía que siempre estaba haciendo travesuras por casa y que se escapaba a menudo y eran los vecinos los que lo devolvían. Por lo que sé, es bastante inteligente. Le enseñé a leer cuando tenía tres años, pero cuando empezó el colegio repitió primero. Eso me sorprendió mucho.
           —¿Cree que su ausencia en casa propició este comportamiento en él?
—Sí, creo que sí. Como le he dicho, no tiene muy buena relación con su madre. Ella no lo soporta o le tiene miedo, no lo tengo muy claro todavía. Nunca ha podido manejarlo.
—Usted sabe que los lazos entre una madre y un hijo son bastante importantes, ¿verdad?
—Creo que había un obstáculo entre ellos, pero no sé por qué no estrecharon lazos. Lindsay pasó sus cinco primeras semanas de vida en una incubadora, ¿cree que puede tener algo que ver?
—Hay muchas razones por las que un hijo no llega a crear un vínculo con sus padres. Esa podría ser una, pero me parece que tiene que ver con algo relacionado con lo emocional. Un niño es muy sensible a todo lo que le rodea y, subconscientemente, sabe si es querido o no. Sería de gran ayuda si usted y su ex mujer viniesen a terapia para poder dar respuesta a estas preguntas.
— Estoy dispuesto a hacer lo que haga falta, pero no puedo hablar por ella. ¿Quiere que le pregunte si querría venir a una sesión en grupo con usted?
—No, me pondré en contacto con ella para que venga y hable conmigo.
*****
La rutina diaria no había cambiado demasiado para los chicos en el hospital. El desayuno se servía las 7:30 de la mañana, después había terapia de grupo a las 8:30, clase de 10:30 a 11:30 y seguidamente se servía la comida. Por la tarde había otra sesión de terapia de grupo de una hora y media. Una vez por semana había sesiones individuales con los psiquiatras y, de vez en cuando, una reunión entre los padres y el psiquiatra de cada uno de los chicos.
Disponían de todo el tiempo del mundo, sobre todo por las tardes y hasta la noche. Lindsay se había puesto las pilas y había investigado todas las travesuras que se podían hacer en aquel hospital. Una tarde reunió a sus amigos en su habitación.
            —Vale, caballeros, tengo un plan.
Primero les explicó lo que tenían que hacer. Cuando hubieron aceptado y entendido todas las directrices, se pusieron manos a la obra reuniendo todas las sábanas que pudieron y atándolas unas a otras con nudos simples. Lindsay había perfeccionado su técnica de los nudos cuando estaba en los Boy Scouts.
—¿Estás seguro de que esto va a funcionar? —le preguntó Giuseppe —. ¿Esperas que bajemos cuatro pisos con sábanas atadas con nudos simples? ¿Cómo sabes que aguantará?
          —Bajaremos de uno en uno —dijo Lindsay—, solía escaparme de casa de mis padres así. Funciona de maravilla.
           —Yo tengo que ver cómo lo haces primero —dijo Giuseppe.
           —Claro, no pretendía usarte como conejito de indias —le contestó Lindsay.
           —Confío en ti —le dijo Beauregard, mientras hacía otro nudo en el montón de sábanas que había tirado en el suelo.
—¿Cómo sabemos que hay suficientes sábanas para llegar hasta el primer piso? —preguntó Giuseppe.
           —Tenemos que calcularlo —contestó Lindsay—. He medido la distancia hasta el techo y hay unos tres metros, y calculo que entre piso y piso hay unos seis. Si las sábanas no están suficientemente cerca del suelo como para poder saltar, podremos volver a subir.
         —Vale, baja tú primero y comprueba si puedes llegar al suelo —le soltó Giuseppe, desconfiando de su compañero.
Lindsay y sus cómplices llevaron las sábanas al final del pasillo, donde había un patio cercado. Allí se relajaban los chicos por las tardes después de participar en las diferentes actividades que el programa les obligaba a hacer. Lindsay llevaba consigo un cortaalambres que había robado de la caja de herramientas del conserje, en el hospital. Primero hicieron un agujero lo suficientemente grande en la cerca. Después ataron una de las sábanas a la cerca y la aseguraron con otro nudo para que soportase el peso de los chicos bajando y subiendo por la pared del edificio. Finalmente, lanzaron las sábanas por el agujero y empezaron a bajar. Lindsay fue el primero. Cuando estuvo a un metro y medio del suelo, saltó. Con un par de tirones a las sábanas indicó a sus compañeros que había llegado sano y salvo y que ya podían empezar a bajar. Beauregard se deslizó por el agujero y comenzó a bajar. Giuseppe lo siguió.
Cuando estuvieron juntos, Lindsay los llevó al edificio de odontología, más concretamente a una caseta que había al lado. Estaba cerrada con un candado. Con el cortaalambres cortaron el candado y abrieron la caseta, donde se almacenaba el gas de la risa que los dentistas usaban para anestesiar a sus pacientes. Cortaron el tubo que salía del tanque, abrieron el gas y empezaron a inhalarlo. Después de pasarse el tubo por turnos se olvidaron de cerrar el gas. Los tres se rieron histéricamente golpeándose entre ellos y cayendo al suelo. Pronto se pusieron a gritar y a cantar, por lo que los guardias de seguridad no tardaron en aparecer para ver qué estaba pasando. El primero que llegó oyó el silbido del gas e inmediatamente cerró la llave para cortar el flujo, pero no lo suficientemente rápido como para que él mismo no lo inhalase. Se puso a reír, y si no llega a ser por los otros dos guardias se hubiese unido a los chicos. Los dos guardias que llegaron más tarde se dieron cuenta de lo que estaba pasando y se encargaron del primero, luego esposaron a los tres chicos y los llevaron de vuelta al hospital, donde vieron las sábanas colgando por una de las paredes. Aunque los chicos no podían articular palabra, no les costó adivinar cómo habían salido del recinto.
Los guardias llevaron a los chicos de vuelta al centro psiquiátrico, donde continuaron riendo y diciendo tonterías hasta que les quitaron las esposas y los encerraron en habitaciones separadas para que se les pasase el efecto del gas.
             A Lindsay se le consideró como el líder, y el jefe de psicología lo interrogó al día siguiente.
           —¿Qué tienes que decir en tu defensa, jovencito? —le preguntó el director mientras yo tomaba asiento a su lado.
—Fue una broma de adolescentes —dijo con sarcasmo—. No queríamos hacer ningún daño.
—¿Te das cuenta de que os podríais haber matado cuando bajabais por las sábanas?
            —Solo nos estábamos divirtiendo —le contestó Lindsay.
            —Muy bien, vuelve a tu habitación.
    Llamó por teléfono y un guardia vino a buscarlo.
            —Llévese al señor Gordon a su habitación, enciérrelo y manténgame informado.
Yo me quedé en la consulta con el psiquiatra.
—Señor Gordon, consideramos lo ocurrido como una falta grave dentro de nuestro código de conducta, y nos vemos en la obligación de expulsar inmediatamente a su hijo. Créame, es por su propio bien, este tipo de imprudencias podrían hacerle daño o algo mucho peor.
—Lo entiendo, y solo puedo decir que siento que haya ocurrido. Pensaba que este sitio le ayudaría, sobre todo cuando lo escuche hablar con él sobre cómo le ibais mostrar sus límites. ¿Se acuerda de que le dolía la pierna y no pudo luchar contra él?
           —Sí, lo recuerdo. Una pena que no pudiese mostrárselo físicamente.
           —Sí, una pena.
**********
De camino a casa hablé con Lindsay.
—¿Te das cuenta de que nos estamos quedando sin maneras de poder ayudarte? Muy pronto serás un adulto y vas a tener que asumir la responsabilidad de tus actos.
Lindsay se rio.
           —No es broma, Lindsay. El otro día estaba escuchando la radio y Bill Russell hablaba sobre hacerse mayor. ¿Sabes quién es?
           —¿El famoso jugador de básquet de los Boston Celtics?
           —Ese mismo. Hablaba sobre chicos como tú, que tienen problemas
con ellos mismos y con la sociedad donde viven. Lo dijo tal cual: si prestas atención, escuchar la verdad solo te tomará un segundo. Si la oyes, puedes hacerte más fuerte, e ir hacia delante y hacer otras cosas que son importantes en la vida. Si, por el contrario, no lo haces, te quedarás en la misma situación en la que estás ahora y solo tendrás más problemas.
—Lo intentaré, papá. Pero estoy cabreado y no sé por qué. Es como si no viese las cosas con perspectiva, no las puedo ver de otra manera. Además, no me gusta que me obligues a ir a estos programas que crees que me van a ayudar ¿Por qué no me dejas ser yo mismo?
—Porque ese “yo mismo” que proyectas, siempre tiene problemas. ¿Te acuerdas cuando hacías deporte y el entrenador quería que te quedases en su casa para asegurarse de que irías a clase al día siguiente, y después a entrenar? —Claro que me acuerdo. Le gustaba.
—Claro que le gustabas. Eras el mejor jugador de fútbol y béisbol que tenía en sus equipos. Quería utilizarte para ganar partidos, pero ¿cuándo ya lo hubiese conseguido, qué sería de ti? Podrías pensar que todo lo que tenías que hacer era estar en cada partido, comportarte como una estrella y todo el mundo te admiraría. Pero tú vales más que eso. Eres una persona real, con potencial y, aunque eso pueda ser negativo, realmente tienes potencial.
           —¿Qué quieres decir?
           —He oído a muchos atletas hablar sobre este tema y lo que pasa es que tienes que estar siempre a la altura o estás jodido. ¿Lo entiendes?
          —Supongo. —He leído mucho sobre esto, y uno de los psicólogos que leí cuando era joven era Eric Erickson. Habla sobre las fases de la vida y dice que hacerse mayor es pasar por estas diferentes fases. Dice que si te saltas una, tienes que volver hacia atrás. Sería una pena que te perdieses una, porque no madurarías tan rápido. Asumiendo, claro está, que ese hombre tenga razón.
          —Todo irá bien si encuentro a alguien que me quiera.
          —Yo te quiero.
          —Ya lo sé, papá. Me refiero a alguien a parte de ti.
*                                             *                                  *
Como antes ha tenido una vida complicada, puesto que ha pasado bastantes años en prisión. Si ha estado años en la cárcel es porque allí sabía que no consumiría droga. En sus antecedentes figuran algunos delitos, pero la verdad es que la mayor parte de sus condenas han sido por violar su libertad condicional.
Hace unos años lo fui a buscar a una prisión estatal del Valle Central de California, donde había cumplido una condena de dos años por volver a violar la condicional. Nos alegró mucho vernos de nuevo, y lo primero que hicimos fue comer unas hamburguesas con patatas fritas en un Burger King. Fue maravilloso volverlo a ver, y mientras conducíamos de vuelta a la Bahía hablamos sobre sus planes de futuro y lo que había aprendido. No era la primera vez que tratábamos esos temas. Cada vez que lo visitaba o lo recogía de una de las cárceles en las que había cumplido condena, me hacía el mismo discurso. Pero aquella vez fue diferente, me dijo que pediría ayuda a un terapeuta para poner orden en su vida, puesto que no quería volver a pisar una cárcel para evitar las drogas. Lo más interesante fue que lo dijo en serio y fue la única vez que habló seriamente sobre su adicción y sus planes de futuro.
Cuando lo dejé en San Rafael, donde vivía la mayoría de sus amigos, se fue corriendo a reunirse con ellos. No lo volví a ver hasta que lo volvieron a encarcelar por violar la libertad condicional.
                                                                         FIN


©Laura Muñoz Hermida